INTRODUCCIÓN

Las experiencias que vivimos construyen nuestra personalidad. Desde nuestro nacimiento, estamos sujetos a diversas influencias externas que nos acercan o alejan de nuestro YO SUPERIOR. Las relaciones con nuestros padres, amigos, la percepción que ellos tienen de nosotros, esculpen nuestra personalidad.

Por ejemplo, una experiencia negativa vivida en nuestra infancia en relación a la expresión de nuestra propia verdad, nos puede hacer creer que la exteriorización de la misma es perjudicial para nosotros.

Esta creencia se fija en nosotros y crea un cuerpo energético con el siguiente mensaje: “ser tu mismo es doloroso”, creando un bloqueo. Este cuerpo energético va a incorporarse en nuestra estructura mental y crear una distorsión que con el tiempo influenciará nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Si no tenemos conciencia de él, actuará libremente por nuestro inconsciente, contaminando nuestra vida en cualquiera de sus planos, incluso puede llegar al físico en forma de enfermedad. Estos registros pueden haber sido creados en cualquier momento de nuestra historia, incluyendo vidas pasadas o memorias genéticas.

Podemos comparar los cuerpos energéticos a vestidos que sucesivamente vamos acumulando y que forman nuestra propia personalidad y nuestro sistema de creencias. Algunos nos son favorables y nos ayudan a realizar nuestros objetivos. Otros generan malestar, y ubicados en el inconsciente, atraen en función de una creencia “desalineada” circunstancias que nos impiden explotar nuestras capacidades al máximo. Nuestra vibración interna, va a atraer circunstancias externas que vibran en la misma frecuencia.

Por ejemplo, si una persona aloja en su inconsciente la creencia de que no es digna de ser amada, difícilmente encontrará personas que la amaran auténticamente, porque su vibración energética se opondrá a su deseo consciente de ser amada.

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